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lunes, 23 de enero de 2012

Y al fin llegó la semana 8!

Como os expliqué en el post pasado, no tuve visita a la gine hasta la semana 8 de embarazo. Yo estaba nerviosilla, porque esperaba que mi bicho llegara a tiempo para poder estar junto a mi en la visita, ya que trabajaba hasta las 18 y yo tenía la visitia a las 18:10. Un poco justillo.

Cuando me llamaron para entrar mi bicho no había llegado y... oooohhh!!! entré sola a la consulta. Nada más entrar la gine fue muy amable conmigo. Le dije que el clearblue me había dicho que estaba embarazada a lo que contestó pues si lo dice es que es verdad. Entonces me explicó que si las pruebas de embarazo te dicen que estás embarazada, es verdad y que si te dicen que no, puede que se equivoque.

Me preguntó si había ido sola, y le dije que estaba esperando al bicho y que me habían llamado antes de que él llegara. A lo que respondió que miraríamos primero nosotras si todo iba bien y que si cuando llegara él que volviera a entrar que así el papá podría ver a su retoño. Uff!!! qué emoción al ver y oir su corazoncito latir con tanta fuerza. Supongo que como muchas mamás, me saltaron las lágrimas de emoción! La peke se movía un montón y su corazón iba a tope, bum-bum, bum-bum, ... y se oía muy fuerte.

Entre la lagrimilla y lagrimilla vi la sonrisa en la cara de la gine, que me transmitió mucha paz y seguridad. Desde aquel momento me dije, ¡Adelante tu puedes!

Al salir de la consulta el bicho aun no había llegado. Le esperé durante unos minutos y apareció. No podía parar de hablar de las sensaciones que tuve al sentir que había algo dentro de mi que era parte de los dos y que estaba bien! Lo mejor fue cuando pudimos entrar los dos y fue él el que lo vivió. Me acuerdo que me estrujó tanto la mano de la emoción que parecía que nos habían pegado con superglue y no nos podíamos separar.

Al salir me llevé un par de volantes para hacer analíticas y pruebas para llevarle a la siguiente consulta. Nos fuimos los dos con una sonrisa en la cara que no podíamos borrar y él con un brillo en los ojos como jamás le había visto. Era la felicidad y la emoción que salían reflejadas en su rostro. Nos fuimos a cenar para celebrarlo y la frase que quedó para siempre fue:

ESTO VA EN SERIO.

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