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viernes, 8 de agosto de 2014

El por qué de los gritos

Son muchas las veces que me propongo no gritar a la Peke y al Enano, ya que soy de las personas que piensa que no por gritar más nos escuchan más.

Una vez, hace poco tiempo, me leí en algún sitio que los corazones que se quieren se susurran porqué están cerca, empatizan y se aman. Los corazones que discuten se gritan porqué parece que no se escuchan y que el corazón no escucha si no es con la voz más elevada.

Con mis hijos suelo ser muy calmada, incluso cuando se discuten, pelean o no se ponen desacuerdo, suelo dejar que sean ellos mismos os que resuelvan sus diferencias, antes de intervenir. Son muchas las veces que ellos mismo resuelven sus pequeños conflictos, pero cuando ya veo que las situaciones pasan a mayores, no me puedo resistir e intervengo.

Las personas que están a mi alrededor dicen que cómo puedo tener tanta paciencia y tanta energía para estar con ellos todo el día. Les digo que lo que hago es hablar mucho con ellos, intentar que cada cosa que hago sean ellos los primeros, es decir pasar sus prioridades a las mías. Aunque a veces las cosas no pueden ser siempre así. También les digo que en casa muchas veces (más de las que quisiera), pierdo la paciencia y les llamo la atención.


No hay truco, hay sentimientos, amor y una manera diferente de educarlos. 

Pero, como ya he dicho, llegan los gritos... De los que no me siento orgullosa, ni pienso que sea lo mejor para nadie, ni para ellos porqué muchas veces no entienden la causa, ni para mí, ya que después me siento mal.

Nuestros días transcurren con normalidad, y a primera hora de la mañana no hay gritos, ni peleas, ni ningún tipo de enfrentamiento. Me he fijado que llegan en momentos puntuales, cuando llegamos al final del día y ni ellos ni yo estamos igual de frescos que por la mañana. Llegan cuando, después de un día entero con ellos, no he tenido ni un minuto para dedicarme a mi misma, a mis hobbies, a mis estudios, a mirar un programa de la televisión que me gusta (ya que en casa, el 95% del tiempo que miramos la tele son dibujos, el 4% programas de motor que le gustan al Bicho y el 1% restante es para ver un trocito de algún programa o película que me gusta a mí).

La mayor parte de mi tiempo se lo dedico a ellos: jugar, leer cuentos, pintar, pasear, visitar a amiguitos suyos o recibir visitas en casa, escuchar música, hacer manualidades, talleres, divertirnos, cantar, soñar, ... Y cuando algún día quedo con alguien la mayoría de veces los niños vienen conmigo. No es que reclame más tiempo para mí, ya que mis hijos son mi vida, mi gran amor y mi pasión. Pero creo que la causa de los gritos llegan por no tener otro tipo de distracción que no sean ellos o que estén ellos implicados.

Los gritos los bloquean y pienso que a la larga no sirven de nada ya que llegan a formar parte de la vida cotidiana y lo único que consigues es que tengan un mal ejemplo y que ellos salgan gritones. Consigues el llanto por su parte, el desconcierto, el miedo y el desconsuelo. Si miramos que con lo gritos, no se consigue el objetivo que estamos buscando, que es que dejen de hacer alguna cosa, pues no sirve de nada más que de ponernos más nerviosos nosotros y a ellos.

Mejor explicarles lo que hacen mal, o lo que no hacen como nosotros esperamos, y sobretodo cómo deben hacerlo. El ofrecerles una alternativa a su actuación y el pedirles el porqué de su comportamiento, nos ayudará a entenderlos mejor. Nuestra actitud y manera de hacer, el saber si estamos cansados, agobiados por el trabajo, si hemos tenido un mal día por el motivo que sea, por las circunstancias personales que nos rodean, nos ayudará a canalizar nuestras actuaciones y sobretodo nuestros gritos...

Si nuestra salida de tono nos ha hecho actuar de forma incorrecta con ellos, el pedir perdón por nuestra parte tampoco nos hará daño. El saber pedir perdón, hará que nuestros hijos vean que los adultos también nos equivocamos y rectificamos nuestras malas actuaciones, ellos tarde o temprano también lo harán.

Ahora mismo el Enano tiene 21 meses y la Peke 3 años y casi 10 meses. Son pequeños, pero son espejos en los que reflejamos nuestras actuaciones. Así que seamos un buen modelo en el que reflejarse.

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